Intento Intelectualoide

Frikez híbrida, desdeñada y otras cosas estúpidas (Pequeño espacio reservado para toda clase de engendros paranoides e intelectualoides que generen mis chilangas neuronas, con suerte se hallará algo coherente, no lo garantizo).

20060912

La leyenda del Alcancía

En algún lugar de Querétaro de cuyo nombre no es preciso acordarme, érase que era un joven mozalbete de apellido Mireles. La vida le sonreía y no sospechaba que la suya se volvería una historia legada a la posteridad como advertencia a todo beodo acérrimo o adolescente prepúber recién iniciado en las bellas artes del copeo.

La historia comienza un día en que el protagonista y sus amiguitos decidieron armar una fiesta masiva, de aquellas que marcan momentos, en la casa de uno de ellos. El dueño resultó ser hermano de un oscuro sujeto que trabajaba en el departamento de publicidad de Jack Daniels, razón por la cual consiguieron una buena caja del preciado líquido.

El día de la fiesta las botellas aguardaban flamantes y Mireles no podía fallarles: Se acababan porque se acababan. Entonces el grupito comenzó la noble tarea de vaciar cada pomo, y así se la aventaron... Tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando... Y tomando.

Entonces nuestro héroe comenzó a sentir los efectos del elixir, su cuerpo era más ligero, su cabeza no existía, era inmortal, era divino, era semidiós, era un pájaro, era un avión, ¡Era Mireles! Entonces sus buenos comparsas decidieron que aquella era una ocasión digna de recuerdo y alentaron al divino a continuar consumiendo hasta la última gota que le cupiese. Y Mireles continuó tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando, tomando... Y tomando.

Mireles era invencible aquella noche, no existía barrera animal, vegetal o mineral que le impidiese ser el alma de la fiesta, al precio que fuera.

La noche pasó y Mireles amaneció bien arropadito y acomodadito en su camita que estaba en su cuartito de su casita. ¿Cómo chingados llegó ahí? Tan solo consultando antiguos arcanos de raras y olvidadas ciencias podría obtener la respuesta, puesto que ni una sola de sus neuronas contenía tan preciada información, más la cruda era cruel y sentía que la cabeza le estallaría, su lengua se encontraba pegada a su garganta, sus extremidades le traicionaban y el cansancio le agobiaba. Y no sabía por qué. Decidió tomarse dos aspirinas, un galón de agua y continuar la vida aquel día, ya el lunes investigaría que le había sucedido.

El lunes, llegó Mireles a la escuela, tan pancho y fresco como lechuga recién cortada, pero la alegría no le duró. A su paso le señalaban, le miraban extraño, los curiosos cuchicheaban e incluso dejaban escapar una risita ahogada. Cuando llegó con sus amigos, ¡Oh, el horror, el horror! Ellos comenzaron a señalarlo y ponerlo en evidencia.

Resulta que nuestro protagonista se había puesto una peda, mega peda, pedisisisisisíma, que más que peda parecían tres juntas y como resultado se había tragado 5 huevos crudos de gallina, 2 huevos crudos de codorniz, había vomitado al gato de la familia, se desnudó frente al padre del anfitrión... finalmente la cereza del pastel: Como buenos compadres, sus amigos, lo habían acostado boca abajo en un sofá, le habían colocado una monedita por entrambos glúteos y le habían tomado una foto en todo su esplendor, a la cual le grabaron una leyenda que rezaba: "El Alcancía"

Desde aquel día, todos conocieron las dos caras de Mireles y corre el rumor entre los viciados y empedernidos jovenes de la actualidá y la jai class de aquel pueblito, que en cualquier fiesta digna de su nombre, entre la 1 y las 3 de la mañana, se escucha un tintineo... Es la moneda cayendo por la ranura de cierta alcancía.

Los héroes se extinguen, pero las leyendas sobreviven.

4 Declaraciones Indecorosas:

At 12/9/06 12:56 a. m., Blogger Cineasta Regio berreó...

Interesante leyenda, veo que has metido varios guiños a ciertas obras literarias famosas...

Pues esa leyenda da material para un cortometraje de serie B, de ésas que solo se pueden conseguir en lugares bien oscuros y difíciles de salir con vida.

El fin de la inocencia infantil. Y de qué manera.

 
At 12/9/06 9:20 a. m., Blogger Antonio berreó...

Saludos Chew,
Esa historia está terrorífica, como las de Brozo pero sin moraleja.

Por cierto, tenemos novedades en Blogenstein:

http://lilblogenstein.blogspot.com/

Un Abrazo

 
At 12/9/06 10:39 a. m., Blogger Padrenatas berreó...

Jajajajja y cuando le ponían la moneda ¿cantaba una canción?¿Cantaba la de Oaxaca?, jajajajaj.

 
At 12/9/06 11:00 p. m., Blogger poe_poe berreó...

Vaya historia, como la del tipo que le pusieron yema de huevo en su traseo, se lo patearon lo mas fuerte posible y cuando desperto, pensó que se lo habian violado.

 

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